En los últimos meses, la ciudad de Ferrol está sufriendo una serie de altercados provocados principalmente por indigentes que, en algunos casos, han desembocado en actuaciones violentas e incluso en crímenes.
A diferencia de lo que ha afirmado la responsable de seguridad del Concello, Sandra Ríos, esta problemática no puede considerarse como “un hecho aislado”, puesto que perjudica a todos los ciudadanos y se extiende por todos los rincones de la ciudad.
No hablamos de simples discusiones entre estas personas de situación sin regular. Esta gente molesta a los vecinos de las zonas donde se instalan e incluso increpan y amenazan a los ciudadanos que se niegan a darles dinero y no atienden sus peticiones. Situación que se complica especialmente al anochecer.
Los problemas que generan son de todo tipo: consumo de alcohol y estupefacientes en la vía pública, violencia, ruido, insalubres condiciones higiénico-sanitarias, mendicidad, mala imagen de la ciudad, etc.
Además, lo más curioso es que uno de los grupos mayoritarios está instalado en la plaza principal de la ciudad. Algo que, de nuevo, sólo pasa en Ferrol y es inimaginable en otras urbes.
La solución está al alcance del Ayuntamiento y de los responsables de seguridad, y pasa por ser constantes y firmes tanto en las tareas de vigilancia como en las medidas preventivas.
Ferrol dispone de suficientes miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado como para tener vigilancia las 24 horas del día. Además, pueden elaborar un plan estratégico para tener controlada a esta gente y tomar medidas más estrictas contra ellos si fuera necesario.
Lo que está claro es que los ciudadanos no tienen por qué aturar a estos individuos que están causando auténtico terror entre los vecinos, que se ven indefensos ante gente sin techo que en realidad son drogadictos que no sólo están concentrados en la Plaza de Armas, sino que transitan por toda la ciudad y aprovechan el mínimo agujero de seguridad para cometer un delito.
Es hora de que el Sr. Irisarri, que sigue negándose a ver la realidad, sea consciente de la grave problemática y disponga un buen plan de seguridad.